La suelta de nuevos ejemplares de lince ibérico (Lynx pardinus) en nuestro país continúa año tras año. Las poblaciones en libertad van creciendo y la colonización de nuevos territorios es un hecho. Esto es posible gracias a la colaboración entre las Comunidades Autónomas y los países implicados en la recuperación de este felino.

Aunque su situación dista mucho de ser perfecta, el lince ibérico ha recuperado sus poblaciones de forma importante en los últimos años. En el año 2002 había un total de 94 ejemplares en libertad, hecho que lo convertía en el felino más amenazado del mundo. Actualmente, gracias al buen hacer de científicos y cuidadores, su número ha aumentado hasta los 686 ejemplares. Al mismo tiempo, la superficie donde se encuentra también se ha extendido llegando a ocupar tierras de Andalucía, Extremadura, Castilla-La Mancha y del sur de Portugal.

No hay duda de que la situación del lince ibérico ha mejorado en los últimos años. El cambio de la figura de protección de “peligro crítico” a “peligro” es un avance muy positivo. Además, se está trabajando para que en unos años pase a ser considerada especie “vulnerable”. Las acciones llevadas a cabo por la UE y los distintos gobiernos a través del programa Life han permitido financiar la creación de cuatro centros de cría. Estos han llevado a cabo reintroducciones para que la especie recupere sus zonas de campeo tradicionales.

Las sueltas de linces se llevan haciendo ya desde hace muchos años. Principalmente se realizan en  entornos tranquilos con superficie suficiente para su supervivencia y provista de su presa principal, el conejo. Además, la percepción de los dueños de las fincas ha cambiado durante estos 20 años de recuperación de la especie. Con la presencia del lince se ha revalorizado el entorno, convirtiendo las fincas linceras en entornos de alto valor ecológico. Por tanto, los espacios donde campea y vive el lince son ahora fuentes de dinero para los propietarios. De hecho, se ha pedido que se incluya dentro de la red Natura 2000 en algunos casos.

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Planes de futuro

El proyecto Life Iberlince terminó en diciembre de 2018 cerrando un ciclo dentro del programa con un balance muy positivo. Este proyecto ha supuesto un hito importante en la conservación de la especie. Con él se ha iniciado la recuperación de la distribución histórica en Portugal y España mediante la reintroducción en áreas bien conservadas donde se han realizado minuciosos trabajos de selección y preparación.

El futuro de Life Iberlince, y por tanto de la especie, pasa por consolidar las poblaciones y conectar mediante corredores ecológicos los núcleos poblacionales. Hasta ahora se han producido más de 50 intercambios de individuos entre zonas cercanas de forma natural. Pero hay que seguir trabajando para mejorar la conectividad y reducir los atropellos, principal causa de muerte del lince ibérico.

De momento, el objetivo más inmediato de los responsables del proyecto Life Iberlince es conectar las cuatro poblaciones de Sierra Morena: Andújar-Cardeña, Guadalmellato, Guarrizas y sierra Morena oriental. La reintroducción continuará por la sierra norte de Sevilla y Huelva de modo que se conecten las poblaciones de Doñana y la de Portugal, que se encuentran aisladas. Esto permitirá aumentar la variabilidad genética y conectar las poblaciones del suroeste de la Península Ibérica, dando a la especie un área de distribución importante.

La supervivencia del lince ibérico

El programa Iberlince ha conseguido que el 69% de los animales reintroducidos sobreviva durante su primer año en libertad. Por desgracia, entre 2011 y 2018 se han registrado 277 muertes de ejemplares, la mitad debidas a atropellos.

La necesidad de concentrar los esfuerzos y eliminar los puntos negros para la supervivencia del lince requieren nuevos desembolsos económicos. Debemos tener en cuenta que las poblaciones seguirán creciendo y saldrán nuevos individuos dispersantes. Por tanto, las actuaciones preventivas como el mantenimiento de los márgenes y vallados de las carreteras, la limpieza de drenajes y obras transversales y los radares de tramo evitarán atropellos de fauna y contribuirán a una mayor seguridad vial. 

Con los planes y actuaciones que se están llevando a cabo la supervivencia de la especie está asegurada. Los resultados de cría mejoran anualmente y permiten tener una visión optimista para llegar a ver al lince disperso por todo el territorio. Buena prueba de ello son las cifras de 2019, con un aumento de 150 nuevos ejemplares en la Península. Esto supone un aumento poblacional del 22%. Y en 2020 la temporada ha comenzado con fuerza en Doñana, donde han nacido 8 cachorros en menos de una semana en el Centro El Acebuche.

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