La pérdida de suelo es uno de los mayores problemas a los que se tiene que enfrentar el medio ambiente. Por un lado, se produce una degradación de la vegetación al no existir los recursos necesarios para que esta evolucione y alcance su “clímax evolutivo”. Por otro, la pérdida de material en las zonas altas de sierra supone la emisión de sedimentos al entorno. Estos pueden depositarse en zonas llanas, lo que supondría un problema menor, o en azudes y pantanos con la correspondiente pérdida de capacidad hídrica.

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Objetivo de las repoblaciones protectoras

El objetivo principal de las repoblaciones protectoras es la conservación del recurso suelo. Si el ser humano no interviniera, en la naturaleza encontraríamos un mosaico de vegetación  que cumpliría la función de retención del suelo. Sin embargo, las acciones humanas han llevado a la destrucción de la cobertura vegetal. Además, los incendios, el sobrepastoreo o la deforestación también son factores determinantes del proceso de destrucción edáfica.

Por tanto, con una repoblación protectora perseguimos mantener estables las laderas desde el punto de vista edáfico disminuyendo las pérdidas erosivas y mejorando las condiciones del suelo. Estas mejoras facilitarán la evolución del suelo hacia un perfil de mayor calidad, mejorarán las condiciones de establecimiento de otras especies vegetales, aumentarán la capacidad de retención de agua y creará entornos de mayor valor ecológico.

Consecuencias de la degradación del suelo

Una vez iniciado el degradado del suelo, la vegetación muy exigente tiende a desaparecer y es desplazada por especies más frugales. Este tipo de vegetación, en muchas ocasiones, no llega a cumplir la función estabilizadora de laderas.

Con la pérdida de la cobertura forestal se inicia un proceso de descomposición de materia orgánica y de lavado de nutrientes. Si el suelo es rápidamente recolonizado las pérdidas de suelo son mínimas. En caso contrario, la acción de las lluvias puede iniciar un proceso de degradado que impida la recolonización del entorno por parte de las plantas.

En terrenos desprovistos de vegetación protectora tendremos un mayor grado de destrucción de suelo, un descenso de la calidad edáfica, una menor proporción de nutrientes esenciales y un menor grosor de la capa de suelo lo que se traduce en menor capacidad de
retención de agua. Un terreno degradado será, por tanto, un entorno hostil para la mayoría de las especies de plantas y sólo las más frugales serán capaces de colonizar estas áreas.

¿Dónde se deben realizarse las repoblaciones protectoras?

Es frecuente que las repoblaciones protectoras se centren en las cabeceras de los ríos y en lo alto de sierras que tienen por debajo un pantano. Con ello se persigue la detención de las emisiones de sedimentos que pueden llegar a colmatar los vasos de embalses situados aguas abajo. También las sierras deforestadas y las orillas de entornos fluviales son ubicaciones habituales de este repoblaciones.
Las técnicas de estabilización incluyen aterrazados, revegetación de valles, construcción de fajinadas y obras de control de erosión (diques y gaviones ), acordonado de restos vegetales pero sobre todo la repoblación de laderas. Actualmente, las técnicas de preparación del terreno permiten la plantación de arbolado sin apenas destrucción de la vegetación preexistente, permitiendo que las actuaciones forestales de recuperación ambiental tengan un bajo impacto ambiental en el entorno y controlar así las pérdidas de suelo.

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