Para la Organización Mundial de la Salud (OMS) el burnout o síndrome del trabajador quemado es “un síndrome directamente relacionado con el estrés crónico del trabajo. Esta patología se caracteriza por tres factores: la sensación de cansancio constante; el distanciamiento con las tareas laborales y la reducción del rendimiento profesional”.

Para el Catedrático de Psicología Social de la Universidad de Valencia, Pedro R. Gil-Monte, el burnout “es un proceso más que una patología y se da en personas muy comprometidas con su trabajo. Este proceso suele tardar entre cinco y ocho años y los síntomas son el desgaste emocional, el deterioro cognitivo y la indolencia y la despersonalización”.

La propia OMS recogió por primera vez el burnout en su Clasificación Internacional de Enfermedades en 1990. Este síndrome quedó encuadrado en un epígrafe referente a las dificultades relacionadas con el control de la vida. Ahora, y aunque no será efectiva hasta 2022, la nueva Clasificación Internacional de Enfermedades integrará el burnout dentro del epígrafe relacionado con los problemas derivados o asociados al trabajo o al desempleo.

El burnout o síndrome del trabajador quemado afecta al 10% de la población

Los expertos aseguran que el burnout o síndrome del trabajador quemado afecta a un 10% de la población. De ellos, entre un 2% y un 5% presenta la patología en una de sus formas más graves.

El burnout afecta principalmente a aquellas personas con actividades laborales de cara al público. Un ejemplo claro fue el expuesto por Medscape. El portal publicaba un estudio en el que se aseguraba que el 37% de los médicos españoles había sufrido el síndrome del trabajador quemado. Por su parte, la cifra entre los Médicos Internos Residentes (MIR) aumentaba hasta el 40%.

El reconocimiento del burnout por la OMS cambiará las cosas

En España el burnout o síndrome del trabajador quemado no está reconocido como enfermedad profesional. Por el contrario, múltiples sentencias judiciales si que lo han reconocido como accidente laboral.

Ahora, con la nueva consideración del burnout por parte de la OMS, esta patología podrá gozar de una mayor visibilidad y atención. Además, dada su relación con el trabajo, se facilitará la gestión y la tramitación de bajas e incapacidades.

 

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